...

Podés cumplir. Podés entregar a tiempo. Podés incluso tener buenos resultados y destacarte profesionalmente.

Y, aun así, estar sosteniendo tu rendimiento de una forma demasiado costosa.

En muchas personas con TDAH en el trabajo, el problema no pasa solamente por cuánto rinden, sino por cuánto les cuesta rendir de esa manera. Urgencia, estrés, sobreesfuerzo, noches largas y distintas compensaciones pueden permitir cumplir con las obligaciones, pero vuelven el rendimiento caro e inestable.

Por eso, frente a una dificultad laboral, la pregunta no debería ser solamente «¿Estoy cumpliendo?». También habría que preguntarse: «¿Cómo estoy consiguiendo cumplir? ¿Es sostenible en el tiempo?»

TDAH en el trabajo: no existe un único problema laboral

Uno de los errores más frecuentes, sobre todo en redes sociales y foros, es pensar que todas las personas con TDAH presentan las mismas dificultades laborales. Y que, además, esas dificultades son fijas: si hoy te cuesta organizar tu agenda, te va a costar siempre, hagas tratamiento o no.

No es así.

Una persona puede tener problemas para comenzar una tarea. Otra puede empezar sin dificultad, pero perderse organizando prioridades. Otra puede distraerse con facilidad o quedarse atrapada demasiado tiempo en una subtarea. Y otra puede saber perfectamente qué debería hacer, pero desviarse cuando aparece una emoción intensa o un impulso.

Además, el TDAH no solo varía de persona a persona: es intraindividual. Cambia en una misma persona a lo largo de la vida, del día y de la semana, y también según el tratamiento realizado y las estrategias aprendidas.

Lo que el tratamiento puede cambiar

Hoy sabemos que, con un muy buen tratamiento y una definición precisa del problema a nivel ocupacional, en muchos casos se puede conseguir un funcionamiento igual o superior al de la población general. Cuando se aprenden estrategias y herramientas, o cuando el tratamiento médico consigue remisión, el funcionamiento puede incluso superar la media.

Por eso importa tanto preguntarse, frente a cualquier dificultad laboral: ¿el diagnóstico es correcto?, ¿se evaluaron posibles comorbilidades?, ¿se está haciendo el tratamiento adecuado y en qué etapa está? Evitar los errores frecuentes en la evaluación del TDAH en adultos es el primer paso.

De «soy un desastre trabajando» a un problema accionable

Decir «soy un desastre trabajando» describe un problema enorme, difuso y poco accionable.

En cambio, preguntarte si el problema está en la activación, la priorización, el manejo del tiempo, la complejización o la regulación emocional te permite identificar qué mecanismo está fallando en cada situación y elegir una estrategia mucho más específica.

¿Querés entender mejor tu perfil?

Si sospechás que algunas de estas dificultades pueden estar relacionadas con TDAH, podés empezar con nuestros tests online de TDAH para adultos.

Ver tests online de TDAH

Los 4 verbos del TDAH en el trabajo

En INECAP (Instituto de Neurociencia Cognitiva Aplicada), casi todos los problemas laborales que vemos en TDAH terminan cayendo en cuatro verbos: arrancar, ordenar, enfocar y regular.

La utilidad de separarlos es poder entender dónde está apareciendo la dificultad, porque la solución para cada una es diferente.

1. Arrancar: sabés qué hacer, pero no empezás

Un problema que muchas veces se interpreta como falta de atención es, en realidad, una dificultad de activación. Una proporción no pequeña de pacientes dice tener síntomas atencionales cuando lo que les cuesta es iniciar la acción de trabajar. Una vez que arrancan, pueden sostener la tarea bastante tiempo.

En el episodio contamos el caso de un programador de unos 35 años, convencido de tener déficit de atención. Trabajaba dos a tres horas por día, cuando creía que necesitaba entre cinco y seis para cumplir con las expectativas de su equipo. Pero su problema no era distraerse a mitad de la tarea: no conseguía empezar. Se sentaba en la computadora, abría el diario, Instagram o alguna otra cosa que le interesaba, y a veces pasaban horas.

Tenía dos problemas: activarse (no concentrarse) y el estrés que le generaba ver pasar las horas sin empezar.

No poder concentrarte no es lo mismo que no poder activarte para empezar. Si el problema está mal definido, probablemente también lo esté la estrategia. Para profundizar en esta diferencia, podés leer sobre el TDAH más allá de un problema de atención y nuestras estrategias para empezar una tarea y no procrastinar.

2. Ordenar: tenés demasiadas cosas y no sabés qué va primero

Otro grupo de dificultades aparece cuando la persona dice: «Tengo demasiadas cosas y no sé qué va primero». Acá intervienen el manejo del tiempo y de la carga, la planificación, la organización y la memoria de trabajo como función ejecutiva.

Un concepto particularmente útil es el de secuenciación: que los pasos sigan un orden casi numérico, sin ramificarte en el pensamiento.

Paso 1 → Paso 2 → Paso 3.

La secuenciación puede fallar porque los pasos no estaban definidos de antemano (un problema de planificación previa) o porque cuesta secuenciar sobre la marcha cuando aparecen problemas nuevos.

Cuando una tarea se convierte en un multiverso

Muchos pacientes cuentan que hicieron «paso uno, paso dos, paso tres», pero no se dan cuenta de que en realidad hicieron esto:

1 → 2 → 2.1 → 2.3 → 2.4 → 2.5…

La tarea empieza a ramificarse sin que lo noten. En chiste lo llamamos los «multiversos»: imaginan realidades en las que el problema podría resolverse de otra manera y empiezan a abrir, abrir y abrir caminos.

Al final se les pasa el tiempo. Termina pareciendo un problema de manejo del tiempo, pero su origen está en la complejización y la ramificación cognitiva.

Y dentro de esta misma conducta pueden existir mecanismos distintos:

  • Falla de inhibición: al preparar una presentación, no poder resistir el llamado del botón de diseño o el impulso de cambiar una tipografía que no te gusta.
  • Excesiva atención a los detalles.
  • Rigidez e intolerancia al error: una expectativa de cómo «debería» quedar el trabajo, que no tolera imperfecciones que quizás son irrelevantes para el objetivo de la tarea, pero que para tu cerebro no lo son.

No se trata de un capricho teórico: la solución para cada una de estas fallas es diferente, y solo una evaluación correcta permite saber cuál es la tuya.

3. Enfocar: distraerte demasiado o quedarte atrapado demasiado tiempo

El tercer verbo es enfocar. Y acá pueden aparecer dos problemas aparentemente opuestos: distraerse demasiado o quedarse atrapado demasiado tiempo en algo. Entran la regulación atencional, las interrupciones, el cambio de contexto y lo que, bien o mal llamado, se conoce como hiperfoco.

La interferencia puede ser interna: una idea o un pensamiento que aparece mientras trabajás. O externa: un ruido, desorden en el ambiente, una conversación cercana. No es lo mismo trabajar en casa con una obra en construcción al lado que en una oficina donde la gente pasa, conversa o se sienta muy cerca.

Además, cambiar de contexto tiene un costo cognitivo alto. Pasar de A a B y volver de B a A consume muchos recursos. Y esto puede pasar incluso dentro de una misma tarea: volviendo al ejemplo de la presentación, la tarea real era terminar el eje conceptual o redactarla, pero la persona quedó pegada al diseño y a la tipografía, que es lo último que se hace. Cuando se da cuenta, ya pasó el tiempo.

«Me canso fácil»: un mito a revisar

Muchas personas con TDAH dicen que se fatigan fácilmente. Pero no se fatigan fácilmente: cualquier persona que invierte tanta energía cognitiva y tiempo en una microtarea dentro de una tarea grande va a terminar cansada. Por eso conviene desconfiar del grupo de síntomas estereotipados de «me distraigo, me canso fácil, soy perezoso».

4. Regular: cuando una emoción cambia tu agenda

El cuarto verbo es regular. Podés saber perfectamente qué tenés que hacer y cuál es la prioridad, pero aparece una emoción o un impulso y todo el plan cambia. Acá entran la frustración, la impulsividad para decir que sí, el perfeccionismo y la dificultad para cerrar tareas y no dejarlas abiertas.

En el episodio usamos un ejemplo real: una abogada debía terminar un escrito que vencía al día siguiente. Mientras trabajaba, recibió un mail sobre un problema que la inquietaba mucho, aunque podía resolverse en las siguientes 72 horas. No pudo seguir con el escrito hasta resolverlo, perdió dos horas valiosas y terminó trabajando toda la noche.

El problema no estaba en no conocer la prioridad. La sabía. Pero emocionalmente el mail se había convertido en un incendio. Mirar la agenda antes de decir que sí le habría permitido regular, frenar, inhibir y elegir el mejor plan.

¿Qué hacer cuando una emoción te saca de la tarea?

  1. Nombrá lo que pasó. «Me activó este mail», «esta crítica», «este error». Ponerle nombre te ayuda a separar el evento de la tarea.
  2. Bajá la activación fisiológica. Respirar más lento, tomar un vaso de agua, levantarte y alejarte de la pantalla. No para resolver la emoción, sino para reducir su intensidad.
  3. Capturá la preocupación afuera. Anotá una línea: «Esto lo reviso a las 16:30». Si no lo externalizás, tu mente lo va a seguir manteniendo activo.
  4. Volvé con una instrucción mínima. No «retomar el informe», sino «abrir el documento y terminar este párrafo».

La idea central: regular no significa dejar de sentir. Significa evitar que una emoción tome el control de tu agenda. Y esto se aprende con práctica y tratamiento; no es una dificultad con la que haya que convivir toda la vida.

¿Cuál de los cuatro verbos es el tuyo?

El TDA AutoTest Avanzado de INECAP te ayuda a explorar tus síntomas con mayor profundidad y a entender qué funciones ejecutivas están interviniendo en tu día a día.

Hacer el AutoTest Avanzado

No todo se resuelve con fuerza de voluntad

Cuando alguien observa estas dificultades desde afuera, suele pensar: «Si sabés qué tenés que hacer, ponele fuerza de voluntad, concentrate y hacelo. Olvidate de lo otro.»

Pero esa recomendación ignora el mecanismo que está provocando el problema. Si una persona está emocionalmente activada, la lógica es la inversa: primero necesita bajar esa activación lo suficiente como para volver a elegir qué hacer. Por eso hay que identificar el problema antes de elegir la herramienta.

Ser bueno en tu trabajo no significa gestionarlo bien

Competencia profesional y autogestión no son lo mismo. Una persona puede ser muy buena en su trabajo y, al mismo tiempo, tener grandes dificultades para administrar cómo llega a sus resultados. Puede depender de:

  • la urgencia,
  • el estrés,
  • el sobreesfuerzo,
  • las noches largas,
  • distintas formas de compensación.

Por eso observar solamente el resultado final puede ocultar una parte importante del problema.

El objetivo no es trabajar más: es construir un sistema mejor

La solución no pasa por esforzarse más, sino por construir recursos y un sistema de trabajo que reduzca la dependencia de la urgencia y de la fuerza de voluntad:

  • Externalizar decisiones.
  • Definir prioridades.
  • Hacer visible el tiempo (por ejemplo, con Google Calendar para organizarte con TDAH).
  • Limitar las interrupciones.
  • Crear estructuras que vuelvan tu rendimiento más sostenible.

El diagnóstico se hace para mejorar

Las personas con TDAH no son entidades rígidas con problemas que se van a mantener siempre. Con una buena evaluación multinivel —como indican los grandes manuales de TDAH— se puede delinear un buen plan de tratamiento y rehabilitación.

A veces se alcanza un cien por ciento de remisión y un funcionamiento normal en el área laboral. Otras veces la respuesta es parcial y hay que hacer alguna adaptación. Lo importante es que se trata de algo dinámico. El diagnóstico no se hace para decir «esta persona tiene un déficit y hay que adaptar el mundo a ella», sino para saber cómo avanzar en cada caso. Si querés profundizar, te dejamos nuestra guía completa sobre diagnóstico de TDAH en adultos.

¿Necesitás evaluar qué está pasando en tu caso?

Si tus dificultades laborales interfieren con tu funcionamiento, en INECAP realizamos evaluación, diagnóstico y tratamiento del TDAH en adultos.

Conocer la Evaluación Híbrida Ver diagnóstico y tratamiento

TDAH y trabajo: la pregunta no es solamente si cumplís

Podés cumplir. Podés entregar. Podés incluso destacarte. Pero si para conseguirlo necesitás urgencia, estrés, noches largas y agotamiento, el problema no está solo en el resultado: está en el sistema que necesitás para llegar a ese resultado.

Por eso puede ser útil volver a los cuatro verbos:

  • Arrancar: ¿sé qué tengo que hacer, pero no empiezo?
  • Ordenar: ¿tengo demasiadas cosas y no consigo establecer una secuencia?
  • Enfocar: ¿me distraigo o termino atrapado en partes secundarias de una tarea?
  • Regular: ¿una emoción o un impulso cambia mis prioridades?

Y probablemente esta sea la idea más importante: no necesitás convertirte en alguien distinto; necesitás construir un sistema que te permita funcionar mejor con el cerebro que tenés. Menos dependencia de la urgencia, menos fricción, menos costo y más dirección.

Porque la verdadera productividad no es cuánto podés producir cuando estás al límite; es cuánto podés sostener sin tener que vivir al límite.

¿En cuál de los cuatro verbos te reconocés más? Contanos en los comentarios y compartí este artículo con alguien que cumple con todo, pero a un costo demasiado alto.

🎧 Escuchá el episodio completo

Este artículo está basado en un episodio de TDAH de Alto Rendimiento, el podcast de INECAP. En el próximo episodio vamos a ver ejemplos de estrategias e intervenciones para cada uno de estos cuatro verbos.

Escuchar el episodio

Seguí aprendiendo sobre TDAH en adultos

En el blog de INECAP vas a encontrar más contenidos sobre TDAH en adultos, funciones ejecutivas, concentración, organización y tratamiento. Si tenés dudas sobre nuestros servicios, visitá las preguntas frecuentes.

Este artículo es traído a vos por INECAP, Instituto de Neurociencia Cognitiva Aplicada, referentes en TDAH en adultos de habla hispana.

Compartí esta nota

Facebook
Twitter
LinkedIn
WhatsApp